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Por: Lidia Monzón

SOLTAR LA RABIA Y EL DOLOR.

Consiste en ir dejando salir el resentimiento, expresando la rabia, siendo conscientes del dolor.

La fórmula que recomiendo, es escribir un poquito cada día, recoger en palabras esa rabia y ese dolor, vivirlo y sentirlo conscientemente, eso sí, “sin meterse en el drama”.

Se trata de tomarse un tiempo cada día para escribir todas las emociones negativas de nuestra experiencia – sólo un ratito – y luego quemarlo o tirarlo por la cisterna, sintiendo cómo el fuego o el agua limpian esa emoción.

PEDIR PERDÓN, SIN TENER QUE CITAR FÍSICAMENTE A NADIE.

No hay que pedirle perdón físicamente a nadie para decir que te perdono o que me perdones.

SENTIR Y EXPRESAR EL PERDÓN DESDE EL CORAZÓN.

Se trata de llevar el perdón de la cabeza al corazón. La gente entiende que uno tiene que citar a alguien para hablar de lo ocurrido y pedir/recibir perdón. Sin embargo, desde mi perspectiva ese tipo de acciones puede ser un buen ejemplo de un perdón de cabeza. Cuando se perdona desde el corazón no hace falta citar a nadie.

Perdonar desde el corazón consiste en soltarlo todo y esto solo lo puedes hacer si eres capaz de abandonar el resentimiento y pasar el capítulo.

Y ojo a las señales que indican que no se ha perdonado desde el corazón. Una de las cosas más comunes con las que podemos identificar que aún el perdón no ha llegado a nuestro corazón es cuando sentimos o pensamos: “Perdono pero no olvido”. La incapacidad de olvidar es una manifestación de que no se ha perdonado. Cuando has perdonado, lo malo se olvida y se mantiene lo bueno.

PERDONARNOS A NOSOTRO/AS MISMO/AS.

Esto es lo que más cuesta cuando somos conscientes de la responsabilidad que tenemos en lo ocurrido. Y es que nosotros/as hemos permitido en nuestra relación todo lo que ha sucedido, lo bueno y también lo malo y somos 100% responsables de las cosas que nos han pasado, puesto que nosotros/as hemos tenido una presencia y un protagonismo, hemos estado presentes en esa relación.

Es el paso que más cuesta, el perdón para con nosotros/as mismo/as

ACEPTAR Y DAR LA BIENVENIDA.

Aceptar significa sentir que ha sido un tiempo de nuestra vida que ha terminado y que empieza otra etapa, estar convencido/as que hemos compartido la vida con otra persona, por un tiempo, y que ha habido tanto bueno como malo, aunque ahora no lo veamos. Y comenzar a sentirnos que vivimos y que vamos a llevar una nueva etapa de nuestra vida con toda la alegría que eso conlleva.

En todo este proceso se puede sentir miedo, miedo al cambio y a lo desconocido. El miedo nace de la incertidumbre acerca de lo nuevo y de la idea de separación en la que nos han educado, haciendo que nos creamos incapaces y tengamos miedo a la soledad.

Ese sentimiento procede de la falta de amor propio de las personas, gente que no se ama a si misma porque no ha aprendido a disfrutar del valor de estar con un mismo. Y es que “uno no está solo si se siente conectado con el planeta tierra, con la naturaleza, con el universo, con el amor que nos envuelve”.

Y, ¿qué pasa cuando una de las partes está predispuesta al cambio y trabaja el perdón, pero se sigue encontrando en el otro un constante potencial de conflicto? En primer lugar, uno/a tiene que asegurarse de avanzar, de tomar conciencia acerca de dónde se equivocó, de cuáles fueron los errores de ambos, para poder salir de las situaciones conflictivas.

Si a pesar de hacer este trabajo personal uno/a sigue teniendo problemas con su expareja, caben dos posibilidades. Una es que los conflictos sean formas de manifestar un apego que sigue existiendo, una forma de amarrar a la otra persona, de no dejarle ir de nuestra vida porque no estamos preparado/as aún para despedirnos de esa relación y preferimos seguir manteniéndola en forma de conflicto.

La otra opción es que una persona se lo esté trabajando, pero la otra no. De esta manera, no se va a poder cerrar la relación, puesto que mientras se siga teniendo un vínculo, se sigue manteniendo ese conflicto. Aunque este sea el caso, no hay que dejar de hacer “su parte del trabajo”, puesto que aunque no revierta directamente en la relación con el/la ex, sí que repercutirá en nuestros hijos.

Desarrollándonos y evolucionando en el ámbito personal estaremos trabajando por la libertad de nuestros hijos, rompiendo patrones antiguos y creando nuevas formas de relación, desde el amor, el respeto y la libertad.

El apoyo exterior tiene que tener una característica muy importante: ser auténtico y honesto. En este sentido, las personas que nos rodean en ese momento, nos tienen que dar su apoyo y compartir con nosotros de una manera sincera. La gente que nos quiere es capaz de compartir todo con nosotros, no sólo que uno/a es bueno/a y el otro malo/a. y es que no hay nadie bueno ni malo.

Todos somos partícipes de las experiencias que vivimos y responsables de tenerlas tal y como son, de mejorarlas o de abandonarlas; aunque para ello carezcamos de un “manual de instrucciones y muchas veces no sabemos relacionarnos con los demás”.

Hemos venido al mundo a compartir momentos en esta tierra y se trata de disfrutar de los regalos que se nos ponen delante. El objetivo va a ser siempre ser feliz y para ello es imprescindible amarse a uno/a mismo/a

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Lidia Monzón

http://www.lidiamonzon.com

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